Zuigan se llama a sí mismo
Cada día, Zuigan se decía a sí mismo:
–¡Maestro!
Y él mismo respondía:
–Sí.
Entonces añadía:
–Debes mantenerte despierto.
Y contestaba:
–Sí.
Después decía:
–No te dejes engañar por los demás.
Y de nuevo respondía:
–Sí, sí.
Cada día, el maestro Zuigan se llamaba a sí mismo y se respondía para recordarse que debía permanecer despierto y no dejarse engañar. Un koan sobre la vigilancia interior.
Tiempo de lectura: 1 min